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Mostrando entradas de julio, 2009

El partido de fut

¡Esto es realmente molesto! Tener que venir a FUTECA todos los fines de semana, sólo para verlo jugar. Y lo peor es que no se da cuenta que es el peor jugador de todos. ¡Ya me quiero ir! Hoy hubiera podido ir con mis amigas a Trefra, o al salón a hacerme el french . Pero en vez de eso estoy aquí, pasando frío y hambre y con las uñas horribles. -¡Dale, Poncho! ¡Dale a la pelota! -¡Falta arbitro! ¡Y ese maldito pito! ¡Toda esta gente gritando! No logro entender cómo les puede gustar tanto el fut. Si solo son un montón de hombres apestosos, panzones y corrientes trotando detrás de una pelota. Mejor deberían comprarse cada uno una y quedarse en su casa abrazándola. A mí el único fut que me gusta es el que juega David Beckham. ¡Papasito! Tan linda mi novia. ¡Sentadita en la banca y mirando el partido con tanta atención! Es tan linda que nunca se ha perdido un solo partido en estos 3 meses. Me dá ánimos para seguir jugando y dedicarle mi primer gol. ¡Esa mujer sí que me quiere!

Sé feliz

La señora Margarita regresaba a su casa, en la avenida Elena, después de un día de cocinar donde Doña Concha. En realidad no le gustaba trabajar allí, pues la señora tenía un muy mal genio y se quejaba de todo lo que Margarita cocinaba. No podía irse, pues el trabajo le quedaba cerca y aunque había ofrecido sus servicios en otras casas, ninguna parecía necesitar a una cocinera de medio tiempo. Además ir donde Doña Concha era su rutina desde hacía 8 años. Llegó a su domicilio a las 5 de la tarde y como siempre, le dio de comer a sus gatos y se puso a terminar el vestido de 15 años que le habían encargado. A las 7, puntualmente, se hizo la cena, encendió la radio para escuchar las noticias y mientras comía podía oír a lo lejos cómo caía la lluvia. Pensó en poner unas ollas en el piso por las goteras. En ese momento ocurrió algo inesperado: alguien tocó la puerta. Margarita, asustada se acercó y sin abrirla preguntó quién era. Una vocecita respondió: ̶Seño, disculpe, es que tengo frío ...

¿Y quién es esa señora?

Juanito estaba distraído viendo a unos pájaros comer las migas que había dejado caer de su pan con frijoles. En eso escuchó que alguien chiflaba y volteó a ver. Era un hombre que quería que le lustrara los zapatos. Juanito corrió hacia él a toda prisa, pues sabía que si no llegaba a tiempo alguien más le quitaría el cliente. —¿Cuánto me cobrás, mijo? —preguntó el señor. —Cinco quetzales —respondió Juanito. —Va, está bueno, pero te apurás porque tengo que regresar al trabajo. Juanito sacó su banquillo y se sentó. De su cajita extrajo el betún, el trapo y el cepillo. Mientras le lustraba los zapatos miraba el periódico que el señor leía. Él lo leía de reojo cada vez que podía. No sabía leer muy bien, únicamente conocía algunas palabras que había aprendido solo o le habían enseñado, pero siempre aprovechaba cualquier ocasión para seguir practicando. Algo en el periódico llamó su atención y se distrajo, sin percatarse que su mano derecha seguía aplicando el betún y así, sin querer, le man...