En este momento ya no hay vuelta atrás. No existen segundas oportunidades. Es lo que es y sin más, debo aceptarlo como es, así como el momento nos acepta tal y como somos. No sé por donde empezar con esta historia. No es que sea muy larga de contar, pero se va complicando poco a poco, lentamente. Creo que lo más sabio es empezar por el inicio, pero en este caso el inicio está perdido en algún punto de la historia que no logro recordar. Mejor digamos que todo empieza la tarde en que te conocí. Tú estabas tan hermosa, sentada debajo de un árbol de limones. Recuerdo que vestías una blusa blanca, casi transparente, que dejaba ver tu hermosa silueta y una falda hasta las rodillas, esas rodillas que desde que las vi me enloquecí y quise saber qué las hacía estremecer y soñé que algún día correrían por verme y yo me alejaría por un momento, para hacerlas creer que no lo deseaba, cuando en realidad sí lo hacía. Desde entonces no pensé en otra cosa que no fueras tú. Regresaba todos los días al ...