Sus huesos crujían con cada movimiento,como un viejo tronco que se movía,lento y perezoso. Los años se le notaban, ya no podía esconder que sus días de juventud habían terminado. Sin embargo había vivido una juventud llena de aventuras, de sueños y anhelos, de risas y llantos, no se arrepentía de nada, había hecho todo lo que hubiera querido y ahora estaba lista para acabar con esa vida, estaba enferma y ya poco le faltaba para morir. Sus nietos la acompañaban en sus últimos días, haciendo sus gracias y preguntándole cosas acerca de su vida, sus hijos todavía no lo aceptaban, no estaban listos para dejar ir a la mujer que les había dado la vida, estaban tristes y los asustaba la idea de quedarse huérfanos. Le decían continuamente que no se fuera, que no podía dejarlos solos, que el mundo era peligroso y que ellos sin ella no podrían sobrevivir. Ella reía al escuchar estas afirmaciones, no podía creer el haberlos hecho tan dependientes a ella, tan indefensos sin ella. Creía que era una ...