Callejero

Te rescaté de entre la inmundicia de la gente. Quería que sanaras, que tuvieras una mejor vida, eso quería. Eras pequeño de tamaño y edad, pero desde tu nacimiento tuviste que aprender a cuidar de tí mismo y a desconfiar de las personas, de todas ellas. La última vez que te ví parecías tan indefenso, cansado y abatido por la vida en tan pocos meses de tu aparición en ella. No tuviste tiempo de ver las cosas maravillosas. Las travesuras con bolas de lana, los saltos inesperados, los maullidos y las cacerías nocturnas. La muerte te llegó muy pronto. Espero que el cielo de los gatos te esté esperando, colmado de ratones, bolas de lana gigantes y atún y sardinas por montón.
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