Latidos bajo la lluvia
Era el año 2000 y mi familia y yo vivíamos en Mozambique. Ese año ocurrieron unas devastadoras lluvias o ¨cheias¨ que inundaron gran parte del territorio. Nosotros nos encontrábamos en la capital (Maputo) donde gracias a Dios nada ocurrió. Como muestra de nuestro agradecimiento por encontrarnos bien, decidimos, junto con unos amigos, preparar víveres e irlos a dejar a un albergue donde se encontraban algunos de los afectados.
Nos reunimos un día en una casa y preparamos sandwiches con jalea y mantequilla de maní, además de algunos otros productos. Cuando alfin acabamos la interminable labor, pusimos todo en cajas y emprendimos la marcha hacia el albergue.
Cuando llegamos allí la escena era desoladora. Mujeres y niños paseaban sin rumbo, muchos bebés lloraban de hambre y las madres, flacas y sin leche, no les podían hacer el favor. Algunos dormían en una gran galera y otros en casas de campaña.
Yo, con mis 15 años, estaba desecha de tristeza. Quería llorar e irme corriendo pero no podía, no debía.
Como pude me compuse y empezamos a repartir los panes. La gente formó una fila para recoger lo que les llevábamos. En eso, entre tantos rostros tristes, pesqué una carita negra con una gran sonrisa y dientes blanquísimos. De pronto, la carita empezó a temblar al son de unos pasos de baile, y mientras me miraba y danzaba, hizo un gesto con sus manos, las cuales llevó a su pechó y movió hacia atrás y adelante, asemejando los latidos de su corazón, que palpitaba por mí.
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