¿Qué sería de mí sin tí?
Tengo un lapicero que es mi compañero de viaje. Anda conmigo siempre y no me gusta sentirlo lejos de mí. Es pequeño y morado con una punta que se retrae cuando mi cabeza ha dejado de enviarme nuevas ideas para escribir.
Hace poco me vi en una situación comprometedora. Debía decidir si quería prestarlo a un completo extraño, un extraño que no conocía mi relación con ese lapicero, ni lo poco que me gusta alejarme de él.
Espere hasta el último momento, reservando mi posesión, rogando que alguien más diera el suyo y así poder guardar mi secreto. Pero eso no sucedió. Lo entregué con el dolor de mi corazón.
Pasé momentos angustiosos, pensando lo poco que sabían de él y de su tendencia a retraerse. Pensé que ya no volvería a verlo, incluso comencé a hacer nuevos planes por si eso ocurría. Desde lo lejos lo buscaba, buscaba las manos inexpertas que lo sostenían pero no podía encontrarlas.
Lo reconocí al final y sonreí. Sentí un alivio inmenso cuando se me acercaron y me preguntaron, ¿esto es suyo?
Comentarios