La tía Lula
En este post quiero recordar a mi querida tía, quien lastimosamente nos dejó a finales del año pasado. No quiero escribir sobre lo mal y lo tristes que nos sentimos por su deceso. Quiero más bien honrarla, y recordar todas esas cosas maravillosas que hacían de la Tía Lula (apodada así cariñosamente por mi primo Sebastián), un ser único que llevaremos por siempre en nuestro recuerdo.
La Tía Lula decidió a temprana edad que no tendría una pareja sentimental. Por distintos motivos perdió su confianza en el sexo opuesto, y decidió dedicarse en cuerpo y alma a la familia que ya poseía. Cuidó de mis tíos y mi madre (4 en total), no solo como hermana mayor, sino como una madre sustituta. Se aseguraba de que no les faltara nada, y sobre todo, de que estudiaran. Desde muy pequeña empezó a trabajar, viendo las dificultades que su madre pasaba para proveerles lo necesario. Ella no descansaba nunca, y cuando no estaba trabajando, estaba ayudando en su casa. Esto la hizo madurar muy pronto, al ver que era el ejemplo de todos sus hermanitos.
De corazón humilde, nunca le gustaron los lujos. Tampoco las personas que aparentaban tener lo que en realidad no tenían. Le gustaba compartir, y daba a manos llenas, a quien lo pidiera. Lo único que en realidad deseaba, más que cosas materiales, era ver a su familia feliz.
No hay que negar que tenía un carácter fuerte, sobre todo con personas que ella consideraba injustas. Pero esa caracterísitca también hacía de ella una luchadora incansable, que defendía las causas en las que creía. Además, no se daba por vencida con facilidad, y lo que se proponía, lo lograba con perseverancia.
Pero nosotros, su familia, teníamos el privilegio de ver un lado muy especial de ella. Tenía un buen sentido del humor que, unido a su ¨lenguaje florido¨, provocaba risas a quien la escuchara. Llegar a visitarla era saber que uno sería bien atendido, y a veces sorprendido por algún regalo inesperado. Así era ella, daba de corazón sin esperar nada a cambio.
Para los sobrinos guardaba un cariño único. Al estar en contacto con ella, uno podía sentir su amor incondicional, su calidez y su dulzura. En definitiva era una tía consentidora.
Por todas esas cosas maravillosas que nos enseñó, y que compartió con nosotros, extrañaremos a la tía Lula.
A tí tía Lula, que nos ves desde arriba, te dedico este post. Gracias por tu amor incondicional.

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