LA SORPRESA

-Todos prepárense que ya va a venir. Vos Pancho, escondéte en la cocina, que sos muy gordo y te va a ver.

-¡Ah puchis, vos Pepe, toda la vida molestándome! ¿Y qué tiene si tengo unas carnitas de más? Por lo menos no soy un escuálido como el Fede.

-¡Ala gran, vos Pancho, a mí no me metás en tus líos de autoestima! Yo soy flaco pero así soy feliz. No es mi culpa que no consigás mujer que te quiera, no como yo con mi Lulu.

-Vos, Fede, dejá en paz al pobre Pancho. No le echés en cara esas cosas, y menos enfrente de todos.

-Ya va, la Flor, como siempre defendiendo a medio mundo. Dejá que Pancho se defienda solito, que para eso Dios le dio trompa, y no solo para tragar.

-¡Ala gran muchá! Esto supuestamente es una celebración, tranquilícense.

-Miren. ¿Saben qué? Yo mejor me voy. Estoy harto de ser el payaso de todo mundo. Díganle al Diego que le deseo un feliz cumpleaños y que estuve aquí pero me tuve que ir.

-Sí, yo me voy con Pancho. Estar con ustedes siempre me causa dolor de cabeza.

-Ay sí, como no la florecita, cuidado le machucan sus petalitos.

-Shhhhh muchá, ya oí su carro, allí viene. ¡Rápido, escóndanse!

Se escucharon dos puertas del carro que se abrían y cerraban. La conversación de Diego con su madre se iba haciendo más claro mientras se acercaban a la puerta, hasta que se escuchó claramente:

-¡Qué bueno que aquellos no celebraron mi cumpleaños como todos los años, esta vez no tenía ganas de verlos! Siempre terminan bien bolos y armando clavos.

Cuando la puerta se abrió y las luces se encendieron, Diego encontró a sus cuatro amigos que se miraban unos a otros. Todo se quedó en silencio por unos instantes, hasta que todos al unísono y con tono de quien pide permiso dijeron:

-Sorpresa.

Comentarios

Entradas populares de este blog

En clase

Tu dolor

3 veces