¿Y quién es esa señora?
Juanito estaba distraído viendo a unos pájaros comer las migas que había dejado caer de su pan con frijoles. En eso escuchó que alguien chiflaba y volteó a ver. Era un hombre que quería que le lustrara los zapatos. Juanito corrió hacia él a toda prisa, pues sabía que si no llegaba a tiempo alguien más le quitaría el cliente.
—¿Cuánto me cobrás, mijo? —preguntó el señor.
—Cinco quetzales —respondió Juanito.
—Va, está bueno, pero te apurás porque tengo que regresar al trabajo.
Juanito sacó su banquillo y se sentó. De su cajita extrajo el betún, el trapo y el cepillo. Mientras le lustraba los zapatos miraba el periódico que el señor leía. Él lo leía de reojo cada vez que podía. No sabía leer muy bien, únicamente conocía algunas palabras que había aprendido solo o le habían enseñado, pero siempre aprovechaba cualquier ocasión para seguir practicando. Algo en el periódico llamó su atención y se distrajo, sin percatarse que su mano derecha seguía aplicando el betún y así, sin querer, le manchó el pantalón a su cliente. Este se enfureció, levantándose de su asiento y gritando a Juanito.
—¿Sos idiota o qué?
—No, no soy tonto señor, es solo que me distraje un momento, discúlpeme, no le voy a cobrar la lustrada.
—¡Pero cómo podés ser tan descuidado! ¿No ves que esto es algo serio? ¿Cómo voy a ir a trabajar así ahora?
—Bueno señor, tiene razón. Pero mire, si quiere voy con usted a su trabajo y le lustro los zapatos de gratis a su jefe también, para que no se enoje con usted y yo le explico lo que sucedió.
La respuesta aplacó la ira del señor.
—No hace falta mijo, solo tené más cuidado la próxima vez.
—Sí señor, le prometo que lo tendré. Es que la foto de esa señora en la portada de su periódico me llamó mucho la atención y me vacilé.
El señor volteó el periódico y vio la portada. La foto de Michael Jackson ocupaba toda la primera plana. El señor quedó sorprendido y le preguntó:
—¿No sabés quién es?
—No.
El señor le hizo una señal a Juanito para que se sentara a la par suya. Él era un fanático de Michael Jackson y era feliz contándole a todos lo mucho que sabía. Para Juanito la historia era fascinante y la escuchaba con mucha atención. De repente el niño interrumpió al narrador:
—Gracias por contarme todo eso, señor. Quisiera hacerle una pregunta.
—Decime.
—¿Por qué sigue aquí sentado contándome todo eso? ¿No tenía que ir a trabajar?
—¡Si es cierto, mijo! ¡Ya voy tarde!
—Pero mire, si viene por aquí mañana, le doy otra lustrada gratis pero me sigue contando de ese señor.
—Está bueno, pero más temprano.
—Y me trae fotos de cuando dice que era negrito, porque eso sí no se lo creo.
—¿Cuánto me cobrás, mijo? —preguntó el señor.
—Cinco quetzales —respondió Juanito.
—Va, está bueno, pero te apurás porque tengo que regresar al trabajo.
Juanito sacó su banquillo y se sentó. De su cajita extrajo el betún, el trapo y el cepillo. Mientras le lustraba los zapatos miraba el periódico que el señor leía. Él lo leía de reojo cada vez que podía. No sabía leer muy bien, únicamente conocía algunas palabras que había aprendido solo o le habían enseñado, pero siempre aprovechaba cualquier ocasión para seguir practicando. Algo en el periódico llamó su atención y se distrajo, sin percatarse que su mano derecha seguía aplicando el betún y así, sin querer, le manchó el pantalón a su cliente. Este se enfureció, levantándose de su asiento y gritando a Juanito.
—¿Sos idiota o qué?
—No, no soy tonto señor, es solo que me distraje un momento, discúlpeme, no le voy a cobrar la lustrada.
—¡Pero cómo podés ser tan descuidado! ¿No ves que esto es algo serio? ¿Cómo voy a ir a trabajar así ahora?
—Bueno señor, tiene razón. Pero mire, si quiere voy con usted a su trabajo y le lustro los zapatos de gratis a su jefe también, para que no se enoje con usted y yo le explico lo que sucedió.
La respuesta aplacó la ira del señor.
—No hace falta mijo, solo tené más cuidado la próxima vez.
—Sí señor, le prometo que lo tendré. Es que la foto de esa señora en la portada de su periódico me llamó mucho la atención y me vacilé.
El señor volteó el periódico y vio la portada. La foto de Michael Jackson ocupaba toda la primera plana. El señor quedó sorprendido y le preguntó:
—¿No sabés quién es?
—No.
El señor le hizo una señal a Juanito para que se sentara a la par suya. Él era un fanático de Michael Jackson y era feliz contándole a todos lo mucho que sabía. Para Juanito la historia era fascinante y la escuchaba con mucha atención. De repente el niño interrumpió al narrador:
—Gracias por contarme todo eso, señor. Quisiera hacerle una pregunta.
—Decime.
—¿Por qué sigue aquí sentado contándome todo eso? ¿No tenía que ir a trabajar?
—¡Si es cierto, mijo! ¡Ya voy tarde!
—Pero mire, si viene por aquí mañana, le doy otra lustrada gratis pero me sigue contando de ese señor.
—Está bueno, pero más temprano.
—Y me trae fotos de cuando dice que era negrito, porque eso sí no se lo creo.
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