La realidad en la novela
Anoche no podía dormir. La lámpara de mi cuarto estuvo encendida toda la noche. El cuento número trece de Diane Setterfield me ha llegado a parecer tan real, que tengo miedo que Emmeline y Adeline se me aparezcan. Sí, soy un poco miedosa, pero qué puedo hacer, si así soy yo.
Lo mismo me pasó con Cien años de soledad, de García Márquez. Cuando leí la parte en la que en Macondo todos padecían de insomnio, pasé una semana sin poder dormir bien. Al principio no sabía a qué atribuirlo, pues yo siempre he dormido bien. Después, cuando lo pensé mejor, me di cuenta que mi insomnio había aparecido y desaparecido junto con el libro.
Lo mismo me pasó con Cien años de soledad, de García Márquez. Cuando leí la parte en la que en Macondo todos padecían de insomnio, pasé una semana sin poder dormir bien. Al principio no sabía a qué atribuirlo, pues yo siempre he dormido bien. Después, cuando lo pensé mejor, me di cuenta que mi insomnio había aparecido y desaparecido junto con el libro.
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