La jaula

El pajarito llamaba a su jaula libertad. Contento, sentía que su vida no podía ser mejor. Tenía agua cuando quería beber y comida cuando tenía hambre.

Todo cambió el día que vio a otro volar por el jardín y asentarse en la ventana de la casa. El pajarito no lo podía creer, era igual a él. Los dos se quedaron viendo y en su mirada sintieron pesar, el pajarito por no poder estar afuera y el de afuera por ver a su compañero enjaulado.

Desde ese día el pajarito ya no fue feliz. Se dio cuenta que su vida no debía ser así. Allá afuera le esperaba algo grande pero al mismo tiempo sentía miedo de salir, pues no tenía la más mínima idea de cómo sobrevivir fuera de su jaula.

Todos los días tenía la oportunidad de escapar, pues siempre que sus dueños le cambiaban el agua y la comida dejaban la puertecilla de la jaula abierta un momento. Ese era el momento que él debía aprovechar. Pero el miedo que sentía por salir hacia lo desconocido lo paralizaba y lo hacía temblar. Quería ser libre pero al mismo tiempo temía esa libertad que era más grande que él.

La oportunidad seguía estando allí, todos los días por varios años. El pajarito era infeliz, siempre pensando en lo que hubiera pasado si hubiera escapado. Hasta que un día enfermó gravemente. La puertecilla se abrió, lo sacaron y lo metieron en una caja con agujeros. Desde esa caja el pajarito pudo ver lo que había afuera de la jaula. Esos agujeros eran sus ojos al exterior. Sus últimos momentos también los pasó allí, cuando lentamente su mirada se fue desvaneciendo pero su corazón se llenó de la alegría que años atrás había sentido en su jaula libertad.

Comentarios

Wendy García Ortiz ha dicho que…
Te cipio aquí el tweet:

"Precioso tu relato de la jaula. Es como para usar en un curso de análisis semiótico y colgarlo en la pared de tu cuarto :o)"
Anónima ha dicho que…
Gracias por el comment! Te puse uno de tu último relato. El título está para congelarte la sangre!

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